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Antes de que se me olvide

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 El fantasma del olvido avanza implacable, el médico me lo ha confirmado. Por eso he decidido escribir, antes de que ya no recuerde nada. Antes de que esta maldita enfermedad silenciosa me lleve consigo. Juro que ahora mismo no recuerdo lo que he desayunado esta mañana y sin embargo, recuerdo perfectamente la casa de mi bisabuela Concha, será porque me he puesto a mirar las fotos de mi madre y en la caja, he encontrado su rosario. Aquel con el que acudía a misa todos los domingos y fiestas de guardar.  Qué curiosa la memoria, cómo juega a su antojo con nosotros.  Mientras escribo vuelvo a ser el Antonio niño, tímido, callado y observador. Quizá por eso recuerdo tantos detalles de aquel lugar que entonces me parecía mágico.  La casa era bastante grande, de piedra, con tejado de pizarra y majestuoso corredor, donde el maíz secaba colgado en riestras. Y yo, que quería ser pirata, me imaginaba que aquello eran panales de oro, brillando incesantes bajo el sol otoñal....

Tan lejos y tan cerca

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 Hoy es ocho de septiembre, día de Asturias, para los que somos de Puerto de Vega es el día de nuestra santina marinera, la virgen de la Atalaya.  Pero hoy nada será igual, por primera vez desde hace más de cien años no saldrá de su capilla en procesión. No escucharemos el salve estrella de los mares, en el lugar de costumbre, mientras un nudo nos oprime la garganta y los ojos se nos llenan de lágrimas. Recordando a los que ya no están.  Tampoco tomaremos el vermout en el campo de la Atalaya, ni se nos quemaran los hombros con el ardiente sol de final de verano. No miraremos por enésima vez en el libro de las fiestas qué orquesta amenizará la verbena en el parque.  No podremos acompañar mañana a nuestro marinero más veterano como se merece. Ni tomaremos el típico vino español después para luego acudir al parque y bailar en el tradicional baile de los casados, uno de mis momentos favoritos de las fiestas.  Tampoco habrá mañana disfraces por la tarde ni cucañas en...

Prólogo para una historia

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 Seguramente nos ocurre lo mismo a todos los que nos dedicamos en mayor o menor medida a escribir, lo hacemos porque no nos queda otra.  Mientras vivimos la vida cotidiana las palabras desfilan por nuestra cabeza intentando salir. A veces llegan repentinamente, tanto que asusta, y otras sin embargo se vuelven esquivas, cuánto más las buscamos, más nos rehuyen ellas. Todo comienza con una idea, una fotografía en blanco y negro, un nombre de un antepasado, un recuerdo, una canción, cualquier estímulo que despierte una emoción. Porque escribir es emocionarse para después emocionar.  Sucede también que mientras intentamos construir una historia, otra puede estar escribiendose delante de nosotros sin darnos cuenta. Y en esas estoy últimamente.  Intento encajar las piezas del puzzle mental que me persigue hace tiempo, a todas horas, y que ojalá algún día pueda llegar a completar, y al mismo tiempo otro relato va tomando forma. Casi sin permiso, sin aviso, con vida propia....

Otros veranos

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 Hoy llueve y yo respiro, entonces, escribo.  Y en este verano extraño que vivimos, me acuerdo... Me acuerdo del camino a la losera, nuestra cala, donde aprendí a nadar y lo que me costó. Íbamos cantando, siempre cantando.  Me acuerdo de las moras.  Me acuerdo de las sandalias de goma y del óxido en la hebilla cuando éstas ya tenían años. Me acuerdo de la camiseta de fanta, la cantimplora con nesquik, el flotador pinchado, la tormenta de verano y el baño bajo la lluvia.  Me acuerdo de la poza de los pulpos.  Me acuerdo de los juegos en el parque, de las pipas Facundo con eslogan incluido, de las pegatinas de V y del frigo pie. También del colaget.  Me acuerdo de la cinta en el casete, Rocío Dúrcal, Eros Ramazotti, Glenn Medeiros, New Kids on the block, Rick Astley.  Me acuerdo de Chanquete y de Pancho y de Julia.  Me acuerdo que entonces el verano era azul. Me acuerdo de la  llegada de septiembre y con él, el carrusel de Anselmo, el tiro...

Cuando el prao de la jira se quedó dormido

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Este año mi pueblo, como tantos otros, se quedará sin fiestas por lo que todos sabemos.  No es la primera vez que la amenaza de no festejar quienes somos nos sobrevuela, y ahora un virus invisible ha conseguido que ocurra inevitablemente.  En los últimos días, que han sido de auténtico verano en Asturias, de camino a la playa he pasado al lado del prado donde se celebra la jira. Y me detuve a contemplar lo hermoso que está.  Para los que no sepáis que es la jira, sí, la escribimos con j, se trata de una auténtica fiesta de prao asturiana y es la encargada de poner el broche final a nuestras fiestas marineras. Se celebra el 10 de septiembre.  Ese día familias enteras salimos desde Puerto de Vega, vestidos de blanco y con pañoletas de colores, camino a la playa de frexulfe. Y allí pasamos el día entero, comiendo, cantando y bailando, para volver a la tarde todos juntos de nuevo al pueblo.  Pero este año no será posible, este año el prao se quedará dormido.  M...

Sabor a la vida

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Hace unos días, mientras caminaba, iba pensando en esas mil cosas que me gustan que la escritora Sol Agirre nos anima a recopilar, para que no se nos pasen por alto. Para que nos motiven y tratemos de hacerlas, olerlas ( si son velas aromáticas, por ejemplo ) e incluso comerlas, si es el caso. Esa mañana hacía viento, bastante, algo muy habitual en el cantábrico, y entonces en medio del paseo me fijé en los maices mecidos sin compasión por el nordeste  y pensé en que era precioso y en cuánto me gusta el maíz.  No me pude resistir y tomé una foto 😊 Y tras ese pequeño gesto mi cabeza empezó a decirme que sería buena idea compartir alguna receta por aquí, pues cocinar es una de esas mil cosas que me gustan.  Cuando no escribo cocino y viceversa.  Así que hoy os traigo una pequeña receta. Se trata de la salsa de luxe, que suele acompañar a las patatas gajo, también llamada salsa tártara.  He de reconocer que hasta hace casi tres años no la había probado, aunque par...

Buscando la alegría

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Cómo me gustaría hoy empezar esta publicación afirmando que durante los últimos quince días he escrito mucho, pero no ha sido así. Eso sería mentir, y la mentira no va conmigo. Será porque soy agua y como dice Manuel Vilas en su libro,  Alegría , donde hay agua sigue habiendo naturaleza, sigue habiendo verdad. Donde hay agua no puede haber mentira. Así lo piensa él y yo lo comparto. Quince días en la vida no son en principio mucho tiempo, y sin embargo, pueden pasar tantas cosas aparentemente pequeñas. Lo que más he hecho en estos días ha sido vivir, nada menos. Y buscar sin descanso la alegría. Será porque estoy leyendo el libro de Vilas y me identifico tanto con sus pensamientos. La alegría nos acompaña todos los días, de distintas formas, solamente tenemos que mirar con el corazón. Está presente en la belleza cotidiana. La veo todas las tardes cuando mi gato duerme la siesta. La veo cada vez que salgo a caminar por mi pequeño puerto. ...